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La vuelta

  • 15 ene 2021
  • 1 min de lectura

Actualizado: 24 mar

Me olvidé una luz encendida, pero no huele a pis de ratón ni a bombilla de trastero. La ropa se secó. No hay goteras ni escapes de gas. Las plantas siguen vivas. La siempreviva, también. Las puertas están cerradas y las ventanas no se han abierto.
Me han gustado un poco más los cuadros, que he vuelto a verlos. Como si fueran nuevos. Como si fuera nueva. No había cartas en el buzón. Ni moho en la nevera. Y he recordado dónde estaban todos los interruptores y el truco de la cerradura.
He hervido las cangrejeras rojas. Que se mancharon de pintura. Ha sido como escaldar el pulpo siete veces antes de cocerlo. O las que sean. Y he cenado arroz, me he atragantado y siento algún grano dentro de la nariz. Arriba, que no se puede escarbar. Dentro, donde duele.
He abierto la maleta. Toda la ropa huele a allí. Yo también. Todo menos este aire. He encontrado el objeto especial. Aquí no tiene sentido. Solo he sacado el cargador. Me he duchado. El agua es diferente. No soy la misma en el espejo. No sé qué ha cambiado.
Y la verdad, yo seguiría por ahí una temporada más. Pese a las vacas flacas. Que aquí las sábanas ya no huelen a nada, ni siquiera a casa, ni siquiera a ti.
Mañana pondré la lavadora. Iré al supermercado. No me apetece. ¿Quién soy ahora?
 
 
 

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