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La ola

  • 4 abr 2019
  • 1 min de lectura

Actualizado: 24 mar

Cuando vino la ola, no recordabas el mar. Ni su silencio de ruido blanco. Respiraste de verdad y tus pies no se hundieron en la arena. Pese al hueco de las huellas al volver. Que al final, siempre se vuelve. Aún cuando no sabes a dónde.
Vino la ola y era azul. Que ‘azul' es cómo te sientes cuando no sabes qué sentir. Cuando confundes el océano con el cielo. El agua con el aire. Cuando no sabes que el mar o se lleva en los ojos, o en la garganta. Que el agua no asfixia, ni el aire ahoga. La ola te meció y susurró cuentos de sirenas, de niños con cola plateada, de barquitos con cáscara de nuez. Y entonces jugaste a hacer el muerto. Como si flotar y respirar fuesen lo mismo. Ronseles y caracolas y vientos juntos buceando en espiral.
Que esta vez cuando vino la ola, no te pasó por encima.
No quisiste tragar agua. Y estabas allí.
 
 
 

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